
La izquierda no ha generado un discurso alternativo más allá del humanismo.
Este verano se ha roto el mínimo consenso que había entre los partidos políticos de no utilizar la migración como herramienta para atizar al contrario.
Nuestra mirada del mundo a la hora de explicar cualquier fenómeno es tremendamente estadocéntrica.
El Pacto de la UE sobre Migración es solo un pacto sobre el control de fronteras.
No puede ser que un país de cuarenta y pico millones de personas no pueda gestionar el acogimiento de 6.000 chavales.
Más desarrollo en origen no reduce el flujo migratorio.
Pese a que hay mucho «tertulianismo» esparciendo análisis sobre la inmigración, me encuentro siempre con dificultad para lograr síntesis y sacar conclusiones claras en mi cabeza, quizá por ser un fenómeno con muchas aristas. Así que, en busca de un poco de luz, me he animado a pedirle a Andrea Ruiz Balzola que me dedicase un buen rato para poderle entrevistar. Abordé la conversación con Andrea con un sentimiento inicial de respeto, dada nuestra asimetría: yo, un ciudadano poco avezado en estos temas y ella, una antropóloga que ha dedicado gran parte de su vida profesional a pensar, escribir, enseñar, asesorar, y también militar, sobre cuestiones relacionadas con la inmigración y la interculturalidad. Creo que el resultado es satisfactorio, dado que Andrea es didáctica y, además, no se esconde. Es Licenciada en Derecho y Antropología Social y Cultural por la Universidad de Deusto, Doctora en Antropología por la misma universidad, Maestra en Antropología Social y Cultural por la Universidad Iberoamericana de México. Ha sido secretaria de ZAS!, donde sigue colaborando. Actualmente, imparte docencia e investiga en la UNED, en la UPV-EHU y en la Universidad de Deusto y forma parte del equipo de trabajo de la Fundación Begirune. Por la extensión y densidad de la entrevista, la presento dividida en tres partes: 1) Percepciones sociales y políticas públicas sobre la inmigración. 2) Sociedad vasca e inmigración y 3) Cultura e identidad. Nuevos enfoques. A continuación, la primera parte. Las otra dos verán la luz en dos próximas semanas.
I PARTE: Percepciones sociales y políticas públicas sobre la inmigración
Un dato que me ha sorprendido recientemente y que lo confirmé en la jornada conmemorativa del 20º aniversario de Ikuspegi es que la llegada de inmigrantes legales es muchísimo más numerosa que la de los ilegales ¿Por qué la imagen que tenemos la ciudadanía más en la retina es la de la llegada de las pateras?
A ver. Lo primero es que ya has utilizado un término que no es correcto:” ilegales”. Nadie es ilegal, sino que está en situación de irregularidad administrativa, aunque el lenguaje se ha ido pervirtiendo desde hace ya décadas, de tal manera que a quienes están en irregularidad administrativa, ya le declaramos en situación ilegal. De irregularidad administrativa a ilegal ya hay un salto que en el imaginario porque evoca algo que puede estar muy cerca de la peligrosidad. Yo diría que lo que hay son gobiernos, y más ahora en Europa, y medios de comunicación con el foco centrado exclusivamente en la frontera sur, cuando sabemos que la migración que viene del sur es del 3%. Todo el resto de la migración entra por Barajas, pero Barajas no es el foco, sino ese espacio de frontera donde además se asocia rápidamente a gente que viene de África y, por lo tanto, a redes, mafia, pobreza, etcétera. Con lo cual se contribuye a generar ese imaginario de peligrosidad, de ese “otro” que es una especie de primitivo salvaje y que viene al continente. En el caso de Euskadi hay diversidad de orígenes, pero la foto habitual o común es una mujer latinoamericana que viene y se inserta en el nicho de trabajo doméstico y de cuidados.
Un alcalde de El Ejido hace unos cuantos años dijo esta “perla”: “A las 8:00 de la mañana todos los inmigrantes son pocos; a las 20:00 de la noche sobran todos”. Entonces, ¿la clave interpretativa fundamental del fenómeno migratorio en realidad tiene mucho que ver con la explotación de mano de obra barata?
Totalmente. Tú tienes un mercado de trabajo que necesita mano de obra extranjera, porque el autóctono no está dispuesto a insertarse en ese mercado y si esa mano está en una situación X, es más fácil la explotación y su control. Es exactamente el mismo fenómeno —y hay algún autor, como Juan Vicente Palerm, que lo ha comparado— que en California con la mano de obra mexicana que cruza la frontera. California también es un milagro económico, de hecho, es uno de los estados más ricos, ya no solo de Estados Unidos, sino de todo el mundo, con toda esa tremenda inversión en cultivos, que van desde las flores hasta todas las verduras, con un sistema rotativo, además. La gente sube de México de manera irregular y lo que hace son circuitos. Primero le entro a la calabaza, luego a la flor, luego… a lo que sea. Es el mismo fenómeno que en El Ejido. En El Ejido también se hablaba del milagro almeriense.
Hace unos días en un tweet citabas un artículo de Gonzalo Fanjul en El País del que recogías esta idea: que tanto la izquierda como la derecha eran responsables de que la percepción dominante del fenómeno migratorio sea como un problema social. Seguro que más de uno al leer esto habrá fruncido el ceño. ¿A qué a qué te referías con ese subrayado?
Por una parte, a nivel de discurso político, la derecha tiene un posicionamiento clarísimo con relación a la inmigración. La inmigración es un arma, una herramienta que moviliza el miedo de la población y la van a seguir utilizando. A mí lo que me alucinaba es que, ante el discurso de extrema derecha, o incluso de la derecha, la izquierda careciese de cualquier tipo de discurso para rebatir. A día de hoy sigo pensando que la izquierda no ha generado un discurso alternativo. Puede tener un discurso de carácter humanista, apelando siempre a los derechos universales, pero al ciudadano medio de a pie los derechos humanos y universales en este momento no le dicen nada, más allá del sector chiquitín que ya está sensibilizado con el tema.
¿A qué te refieres, a que, por ejemplo, hace una apelación genérica a la solidaridad sin demasiados matices y a la libre circulación de las personas, sin hacerse cargo de la complejidad del fenómeno?
Sí, y a los derechos humanos y a lo de “pobre gente”, etcétera. Pero tiene que ser capaz de generar un discurso, por ejemplo, con el tema de la seguridad porque esa va a ser una de las armas de la derecha, decir que la inmigración genera inseguridad. Lo vemos en toda Europa. Entonces, tiene que entrarle al tema de la seguridad. Quizás no es un tema en el que la izquierda se sienta muy cómoda, pero tienes que generar un discurso y para eso además tienes que ver la realidad que tienes delante. Y últimamente la realidad sociológica parece que no le gusta a nadie, ni a la izquierda, ni a la derecha, ni a la extrema derecha, ni a veces al tercer sector, ni a veces al activismo. Pero tenemos que hacernos cargo de lo que hay y la izquierda tiene que ser capaz de crear un discurso alternativo, es decir, no entrar en los marcos que te plantea la extrema derecha porque como entres en su marco o en el barro, acabas embarrado.
¿Por qué hay un divorcio entre la percepción de la inmigración por parte de la ciudadanía como uno de los principales problemas que tenemos, según un CIS reciente, y las vivencias de la gente en su día a día con la gente emigrada, que no son tan dramáticas?
A ver, el último dato del CIS se explica claramente por el bombardeo mediático que ha habido este verano con la llegada de pateras, de cayucos a Canarias, etcétera. Esto ya ha ocurrido en el pasado. La primera crisis de cayucos ya fue en 2006. Se disparó la preocupación y luego bajó otra vez. En la pandemia, en Euskadi, la inmigración no aparecía como problema. Depende mucho también de ese juego mediático. Este verano nos han bombardeado y se ha roto el mínimo consenso que había entre los partidos políticos de no utilizar la migración como herramienta para atizar al contrario. Antes podrías encontrarte con los de Vox o algún loco del Partido Popular, pero creo que sí había cierto consenso. Este verano se ha roto por completo con el tema de los menores no acompañados o sin referentes familiares y el tema de Canarias. Yo creo que eso ha generado un cultivo. Pero luego no se traslada al día a día. En lo cotidiano, la mujer que cuida a mi madre es de Colombia, el camarero que me pone el café es de Venezuela… En lo cotidiano es otra historia
Para los que no estamos familiarizados, porque no somos antropólogos, ¿puedes hacernos una breve aproximación al concepto de nacionalismo metodológico y a cómo se contrapone con ese otro concepto de la transnacionalidad que desarrollas en diversos textos?
El nacionalismo metodológico es un concepto propuesto por dos investigadoras, Wimmer y Schiller, que hace referencia sobre todo a que nuestro enfoque y nuestra mirada del mundo a la hora de explicar cualquier fenómeno es tremendamente estadocéntrica, quiero decir, el modelo del Estado-nación lo hemos naturalizado de tal manera que enfocamos desde ahí cualquier proceso o situación. Eso es un problema y más cuando hablas de migraciones y de movilidad. Por ponerte un ejemplo, para la población otavaleña con la que yo trabajé, sus fronteras no eran las del Estado-nación español, ni siquiera las de Euskadi y tampoco las de Ecuador. Aprendí que cruzaban su frontera cuando dejaban su comunidad indígena. Plantear una investigación sobre la migración ecuatoriana en Euskadi dando por sentadas las fronteras del Estado-nación creo que es un error. El nacionalismo metodológico afecta de una manera brutal a los conceptos clásicos con los que en las ciencias sociales nos hemos acercado al análisis de la realidad. El concepto de cultura, el concepto de pueblo, de comunidad, de historia, etcétera están de alguna manera imbuidos de esa mirada estadocéntrica y hay que repensar y, hasta cierto punto, deconstruir estos conceptos para poder dar cuenta de la complejidad a la que nos enfrentamos a la hora de tratar de analizar y entender lo que pasa en la actualidad.

Quisiera que pudiéramos hacer un repaso, aunque sea unas pinceladas, de las políticas migratorias a diferentes escalas: la europea, la española o estatal y luego ya nos vamos a centrar un poco en la sociedad vasca. En el nivel europeo Von der Leyen acaba de abrirse a seguir la estela de Meloni, (anteriormente Sunak también quiso deportar a Etiopía) de enviar a un tercer país fuera de las fronteras de la Unión Europea a los migrantes. Supongo que esta propuesta no entrará en colisión con el Pacto de la Unión Europea sobre las migraciones, el último del mes de mayo. ¿Qué opinión te merece dicho pacto, si te parece que supone algún avance o es regresivo respecto a los derechos de las personas inmigrantes?
Para empezar, no es un pacto sobre migración. Es un pacto sobre control de fronteras. No tiene nada de pacto en torno a lo que es la gestión de los flujos migratorios, sino que es un pacto de control de fronteras en una Europa absolutamente obsesionada con el control de sus fronteras sur y con impedir que la gente entre. Es exclusivamente eso. Gente mucho más especialista que yo en temas de políticas de migración lo consideran absolutamente regresivo, pues restringe, y quizás en algunos momentos, viola derechos de las personas. Ese pacto también tiene mucho de guiño a la extrema derecha europea para que no vaya más allá en sus peticiones. Es un error de estrategia porque la extrema derecha siempre quiere más. Entonces, se está cediendo terreno, pero hay cuestiones en las que si cruzas determinadas líneas rojas, luego no hay marcha atrás.
A mí en la cabeza a veces se me hila todo, o sea, tienes Gaza con lo que está pasando, tienes las fronteras sur de Europa y está habiendo un movimiento de retroceso en términos de derecho internacional, de derechos humanos, que se están violando en todos lados. La violación del derecho internacional y el derecho humanitario en Gaza afecta luego también a ese derecho humanitario internacional en fronteras. Hay una lógica horrible, pero es la que hay en este momento. Blanca Garcés dijo aquí en Bilbao, y me gustó mucho la frase, que la mejor versión de Europa, esa Europa humanista, esa Europa de la Ilustración, ¡ojo! no de la colonización, la Europa de los derechos y del universalismo está muriendo en sus fronteras y está muriendo en Gaza también.
Vamos con a las políticas del actual Gobierno de España. La impresión que tengo, si no me corriges, es que anda haciendo equilibrios con las dosis de cal y de arena. Por un lado, Marlaska, por ejemplo, alabó el Pacto de la Unión Europea sobre Migración. Por otro lado, Pilar Alegría acaba de manifestarse en contra de la propuesta de Von der Leyen. Hace unos pocos días, Pedro Sánchez ha hecho un discurso en el Parlamento sobre los beneficios de la migración y en su viaje a África dijo que la migración no era un problema, pero, a la vez, habló de migración circular y se abrió a las devoluciones de los irregulares. ¿Con qué nos quedamos? ¿Qué juicio te merece la actual política española?
Pues es una especie de política un tanto saltimbanqui. De repente tienes un discurso de Pedro Sánchez que, con matices, puedes aplaudir y además es valiente en el contexto que tenemos ahora, pero luego tienes a Marlaska deportando personas, incluso, —no me puedo olvidar de ellas— personas saharauis cuando forman parte de un problema colonial que usted no ha resuelto como Estado. Luego, alguien del Gobierno ha estado echando pestes de Donald Trump y la política del muro en México, a la vez que se estaban poniendo concertinas en las vallas de Ceuta y Melilla. Entonces, es un tutti frutti de acciones que son contradictorias, inconsecuentes, en cualquier caso. El Gobierno español, de hecho, es pionero en Europa con lo que hace en África. Los centros de Meloni de alguna manera ya están en Mauritania desde hace mucho tiempo por parte del Gobierno español. Y pone sumas de dinero que finalmente son para controlar la migración que sube. El mismo pacto con Marruecos a lo que lleva es al olvido total y al cambio de postura con el Sáhara Occidental.
Sobre todo, lo que me preocupa es, otra vez, una focalización brutal en el control de fronteras y un olvido total de la gestión de la migración que hay en el país. El tema de los menores sin referentes familiares: no puede ser que un país de cuarenta y pico millones de personas no pueda gestionar el acogimiento de 6000 chavales. Le leía hace poco a César Rendueles que un par de buenos técnicos deberían ser capaces de gestionar eso en un par de días.
Por último, la Ley de Extranjería ha convertido en norma general lo que en su propia normativa plantea como excepción. No funciona la Ley de Extranjería. Algo falla. Ante eso ¿qué hace el Gobierno? Parches. Ahora, cuando se le junta mucha peña, contemplan lo que han hecho todos los gobiernos, también del Partido Popular: hacer una regularización general. Hay procesos en los que, efectivamente, se van regularizando. Pero tampoco olvidemos que detrás hay mucho dolor, hay mucha falta de derechos y hay muchas historias. ¿Qué habría que hacer, probablemente? Pues quizá otra Ley de Extranjería, pero eso ningún Gobierno se lo ha planteado, porque políticamente abrir el melón de la migración te va a quitar votos, mejor no hacemos nada. O tienes a un Sánchez hablando de la migración circular que sabemos ya desde hace años que no funciona.
¿Hay que desterrar como mito que unas políticas que implementen el desarrollo en el Sur aminorarán los flujos migratorios?
Es otro de los grandes mantras. No digo que no haya que hacerlo. Pero desde la investigación ya hemos mostrado que no porque generes más desarrollo en origen se reduce el flujo migratorio. Al revés, muchas veces el desarrollo te produce mayores flujos migratorios. No hay que agarrarse a ese mantra, más cuando esas políticas de cooperación al desarrollo a nivel estatal, en realidad, son lo que son: yo le pago a usted para que me controle a la «peña» ahí abajo. La idea es bonita, pero todo es mucho más complejo.
CONTINUARÁ
Replica a Andrea Ruiz Balzola (II): «El tema no es euskera e inmigración, sino euskera y una sociedad muy diversa y compleja» – NOLAKOAK GAREN! Cancelar la respuesta