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Juan Luis Ibarra (II): «El nudo gordiano está en la educación, que arroja resultados preocupantes de inclusión»

«Pusimos mucho énfasis en reclamar como medida preventiva que en todas las intervenciones de la Ertzaintza y de la policía local que dieran lugar a la detención en los espacios públicos se activara una cámara de cuerpo».

«De lo que se trata es que tanto policías como migrantes descubran hasta qué punto la mirada sobre el espacio público de unos y otros es una mirada distinta… para las personas jóvenes migrantes sin techo el espacio público es su “sala de estar”, porque las funciones de refugio y disfrute propias de una casa no se pueden desarrollar en una tienda de campaña, que dejan por la mañana y a la que vuelven por la noche».

«En materia de política de migraciones no podemos estar muy altos cuando yo me veo varias veces a la semana con jóvenes que llevan 12, 13, 14 meses viviendo al raso…»

«(En las administraciones locales) hay claramente un giro de mayor atención a una realidad que la empiezan a ver como irremediable y que no se puede obviar.»

Aquí llega la segunda parte de las conversaciones tenidas con Juan Luis Ibarra. Esta se centra más en la respuesta de las instituciones vascas ante la inmigración. La primera parte titulada «Lo vivencial y lo jurídico» en relación con la inmigración la puedes leer aquí.

Segunda parte: la inmigración y las instituciones vascas

La percepción que existe en muchos voluntarios y voluntarias que trabajan en asociaciones de acogida e integración de los inmigrantes es que las actuaciones de las policías en general, pero particularmente de las municipales, son desproporcionadas y tienen sesgo racista.  Como presidente de la comisión de Control y Transparencia de las Policías del País Vasco, ¿qué valoración haces de las actuaciones de las policías vascas? ¿Dejan mucho que desear? ¿Hay mucho recorrido por delante?

Bueno, no quisiera mezclar mucho la Comisión de Control y Transparencia con lo que estamos hablando, porque la principal función de la Comisión es la de hacer informes a solicitud de determinadas autoridades: del titular del Departamento de Seguridad, de las alcaldías municipales y del Ararteko. Solamente actuamos de oficio cuando se produce una muerte o lesiones graves en el curso de una actuación policial. En los casos en los que hemos intervenido hasta ahora, en ninguno ha aparecido el sesgo racista de manera neta. Sí apreciamos trato discriminatorio en la primera actuación que controlamos referida a una intervención de la Ertzaintza en Bilbao en la que se produjo la detención violenta de dos jóvenes extranjeros. Nos pareció que la forma en la que se produjo la detención era indicativa de una mala praxis. De hecho, pusimos mucho énfasis en reclamar como medida preventiva que en todas las intervenciones de la Ertzaintza y de la policía local que dieran lugar a la detención en los espacios públicos se activara una cámara de cuerpo. Han pasado 3 años y es verdad que esas cámaras de cuerpo están experimentadas. De hecho, están repartidas unas 800 en diversas comisarías de la Ertzaintza…

En la Ertzaintza y en las policías municipales ¿no?

No. Solo en la Ertzaintza, aunque se probó en varias comisarías municipales y salió muy bien. Aunque de una manera lenta, el Departamento de Seguridad va teniendo claro que las detenciones en los espacios públicos deben de ser grabadas por cámaras de cuerpo para que no haya ninguna duda sobre sobre la corrección de la actuación.

A través de la Asociación Pertsonalde estáis llevando a cabo una experiencia de aproximación entre los chicos que viven en la calle en Getxo y la policía municipal. ¿Cuáles son los objetivos de dicha intervención, cómo se está desarrollando y qué balance provisional haces de la iniciativa?

Esta semana haremos el segundo taller. Hemos programado cuatro. En los talleres intervienen en principio 6 jóvenes, dos policías, un policía municipal de Getxo, una ertzaina de la Ertzain-etxea de Getxo, dos “animadores-organizadores” que somos un veterano ertzaina jubilado y yo mismo y, por último, otras tres personas como observadores externos. Nos juntamos en sesiones de dos horas. Se expone el tema en 20 minutos y luego hay un cuestionario facilitado previamente, que sirve para debatir. En la medida en que vayan saliendo proposiciones o conclusiones que pensemos que puedan ser generalizables, los observadores toman nota de cara a hacer en el futuro, si la experiencia fuera bien, un pequeño manual sobre las relaciones entre las personas migrantes y la policía en los ámbitos públicos. De lo que se trata es que tanto policías como migrantes descubran hasta qué punto la mirada sobre el espacio público de unos y otros es una mirada distinta de tal manera que para los policías es una mirada desde la perspectiva de la seguridad ciudadana en la que, por ejemplo, les pueden resultar inquietantes unos jóvenes sin hacer nada en un banco toda la mañana. Mientras que para las personas jóvenes migrantes sin techo el espacio público es su “sala de estar”, porque las funciones de refugio y disfrute propias de una casa no se pueden desarrollar en una tienda de campaña, que dejan por la mañana y a la que vuelven por la noche.  Su hábitat natural es el espacio público. Todo ello se va descubriendo a través de cuatro temas: el primer tema es “Derecho y policía: noción de seguridad ciudadana”. Ese ya lo hemos tenido y fue muy interesante. El siguiente lo tendremos enseguida: “Los deberes y los derechos de la policía en la relación con las personas en los espacios públicos”.  El siguiente es “Los deberes y los derechos de las personas en relación con la policía en los espacios públicos” y el cuarto es “Situaciones de conflicto y cauces de resolución”.

No hace todavía un año el Lehendakari Urkullu en un acto por el XX aniversario de Ikuspegi dijo lo siguiente: ““El Informe MIPEX (Índice sobre la políticas de integración con la inmigración) dede la Unión Europea analiza 25 regiones de siete países. Euskadi se ha situado en segundo lugar en Europa, con 77 puntos sobre 100, solo superada por Viena, que ha obtenido 78 puntos. Nos situamos en cabeza del Estado. Como referencia, Cataluña obtiene 64 puntos; Navarra 47 y Comunidad Valenciana 28”. Desde tu percepción, ¿cuál es la valoración que haces de las instituciones vascas en el tema de la inmigración?

Desconozco completamente lo que me dices. No sé si estamos hablando de la llegada de migrantes extranjeros y de su primera acogida o si estamos hablando de un ámbito distinto como el de las personas que solicitan la cobertura del derecho internacional de asilo. Me extraña que haya tanta diferencia en el ámbito español porque, en general, la autorización de estancia, el permiso de residencia y luego el permiso de trabajo de personas extranjeras tienen una regulación uniforme. La competencia en estas materias, hasta ahora, recae fundamentalmente en el Ministerio del Interior y en las subdelegaciones del Gobierno. Quizá si se estaba refiriendo no a la política migratoria sino a la política de asilo puede haber matizaciones en cuanto al tipo de prestaciones. Pero la verdad es que, en materia de política de migraciones, no podemos estar muy altos cuando yo me veo varias veces a la semana con jóvenes que llevan 12, 13, 14 meses viviendo al raso en Getxo, que es un municipio que dedica sobre 400.000 euros de su presupuesto anual a la acogida y al encauzamiento hacia el empleo. En esas condiciones, estos jóvenes se pasan entre 12 y 15 meses sin techo y por lo tanto no podemos compararnos con otros sitios en los que sabemos que desde el primer día la gente que manifiesta su voluntad de residir en un ámbito territorial se les reconoce la ciudadanía residente. Aquí los jóvenes migrantes del Magreb que yo conozco personalmente con su nombre y apellidos no tienen una ciudadanía residente y no la tienen porque están viviendo al raso. Eso no es lo propio en la ciudadanía residente.

Begirune Fundazioa advierte de que un escenario plausible es que sigan llegando inmigrantes a razón de 25.000 por año. Eso significa que en menos de dos décadas habrá 200.000 inmigrantes más en el País Vasco. ¿Cómo se está enfocando esta cuestión? ¿Cómo puede alterar los equilibrios de nuestra sociedad actual? ¿Está habiendo una respuesta suficientemente diligente?

El reto migratorio tiene unas causas y unos resultados. Las causas se van a mantener estables. Hay un desastre demográfico y, por lo tanto, si de manera sostenida el número de empleos ocupados por personas residentes en el País Vasco va disminuyendo, porque la población va disminuyendo de manera clarísima, no hay otra salida que la movilidad migrante, que es un reto que puede salir bien o mal, dependerá de cómo sea la política que la encauza. Hay políticas migratorias que son de éxito y hay políticas antimigratorias que conducen a la frustración. 

El problema más importante en este momento está en la educación, de momento ni siquiera lo situaría en el empleo, ni siquiera en la formación profesional, sino en la fase de educación. Tenemos que mirar desde una doble perspectiva. Por una pare están los que llegan, algunos de los cuales tienen un nivel educativo equivalente a la ESO, pero también hay muchos que llegan con un nivel educativo bajo. Necesitan una primera fase estricta de educación secundaria, de ESO. La otra perspectiva es la de los menores que son hijos de una migración anterior. A mí me parece que es ahí donde está buena parte del nudo gordiano.  Este es uno de los ámbitos que hay que medir y el resultado de esa medición hasta ahora arroja unos resultados muy preocupantes en términos de inclusión debido a la aplicación en el sistema de un bilingüismo que no sigue el pacto inicial de 1982 sobre el euskera. Ese pacto se ha roto y el nuevo “pacto” vemos que no está teniendo los resultados buscados. La mayor parte de migrantes, si entran al sistema educativo, van a hacerlo a través del uso del euskera como lengua vehicular exclusiva y eso es un problema muy serio. Ese me parece el problema más serio. El siguiente no me parece tan agobiante, el de la formación profesional.  Esta gente tiene muy claro que para tener un empleo hay que prepararse y además están dispuestos a ello y están dispuestos a trabajar sin exigir el mismo nivel retributivo que el que exige un nacional.

Nos vamos acercando a una radiografía de una juventud en la que cerca del 50% de los jóvenes en Euskadi serán, bien extranjeros o bien de origen extranjero. Ese problema es de distinto tipo, es un problema en definitiva de configuración de la sociedad y de los valores sociales. En este punto lo que puedo decir es que los valores de las personas migrantes que conozco, en términos de ética de las relaciones sociales, son muy parecidos a los nuestros. La mayor diferencia que veo no es en la ética cívica, sino en los valores religiosos. Mientras que en general la sociedad, y particularmente, los jóvenes en el País Vasco no le dan demasiada importancia a la religión, las personas migrantes mantienen un nivel de preocupación por las prácticas y los sentimientos religiosos muy grande. Me parece difícil un diálogo con ellos que vaya más allá de la tolerancia, por ejemplo, un diálogo entre ciencia y religión.   

Una última pregunta.  ¿Tú crees que en el nacionalismo puede haber un temor a que se debilite la construcción nacional ante la bajada de la natalidad autóctona y el crecimiento exponencial de la inmigración? ¿Puede haber un repliegue identitario?

La percepción que tengo en los últimos meses es que en algunas administraciones locales que he podido conocer con gobiernos de Bildu hay claramente un giro de mayor atención a una realidad que la empiezan a ver como irremediable y que no se puede obviar. Veo una voluntad de encontrar cauces para la inclusión que no veía antes y creo que la mejor demostración de esto es que, si no fuera así, el documento de EUDEL no existiría. El documento de EUDEL es una expresión muy clara de dónde están en este momento las fuerzas que son dominantes en la administración local, que son nacionalistas.

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