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Tres años del Acuerdo Educativo (III): ¿Qué resolvió el Acuerdo?

Esta es la tercera y última entrada sobre el Acuerdo educativo. La primera , «La intrahistoria», se puede leer aquí. La segunda, «Mirada en perspectiva: las lecciones aprendidas», se puede leer aquí. Azkenik, iritzi artikulu hau («Zer ebatzi zuen Hezkuntza-akordioak») Naiz.eus-ek argitara eman zuen (2025/04/10) eta hemen irakur daiteke.

El Acuerdo buscó ser un punto de inflexión que la educación vasca necesitaba hacía mucho tiempo. ¿Lo logró? Los temas que se venían arrastrando giraban en torno a 1) la vertebración del sistema, 2) la segregación escolar, 3) las cuestiones lingüísticas, 4) Los modelos de enseñanza-aprendizaje y 5) la gobernanza del sistema. No por este orden, pero todos ellos fueron abordados por el Acuerdo, que, sin embargo, dejó otras algunas o, al menos, no las abordó con la profundidad que merecían como las políticas del profesorado, la bajada de la natalidad, la incorporación masiva de alumnado de origen inmigrante, la digitalización, los rendimientos competenciales que muestran las evaluaciones externas y la correlación desfavorable de estos con la inversión educativa, en definitiva, la eficiencia del sistema. Vamos a repasar los que sí se abordaron con mayor profundidad.

En cuanto a la vertebración del sistema, las preguntas que debía responder el Acuerdo eran: ¿cómo queremos que se vertebre el sistema educativo vasco después de décadas con reparto casi por igual entre la red pública y la red concertada? ¿Cómo podemos caracterizar un centro de interés social y cuáles deben ser financiados? ¿Cómo cerramos el debate sobre lo público?  Se proclamó a los cuatro vientos el protagonismo de la Escuela Pública, en definitiva, emprender un camino hacia su hegemonía, mejorándola cuantitativa y cualitativamente (en el momento de escribir estas lineas ha comparecido la consejera para presentar el Plan Estratégico de la Escuela Pública, cuyo contenido, lógicamante, ignoro). Tres años después podemos constatar que siguen en pie las preguntas que había que responder y que lo desarrollado solo ha contribuido a reforzar el esquema preexistente, a consolidar la concertación universal y a reforzar las vías paralelas de la Escuela Pública e ikastolas, sin ningún viso de confluencia en el horizonte. El servicio vasco de educación no apunta a lo que algunos esperaban.

Respecto a la segregación escolar, la pregunta a responder era: ¿cómo reorientar un sistema educativo que profundizaba en la dualidad social y era agente de fractura social? Los avances han sido mínimos en los tres últimos años, si es que los ha habido, a juzgar por los índices globales de disimilitud. Pendientes de un Acuerdo político y social amplio contra la segregación escolar que no llega, el Departamento lo ha apostado todo a la carta del reparto de alumnado vulnerable, cuya gestión ha sido conflictiva, por lo que las exigencias de reserva de plazas han quedado ya muy rebajadas a partir del próximo curso.

En relación a las cuestiones lingüísticas, la pregunta que debía responder el Acuerdo era: ¿cómo superar los modelos lingüísticos por medio de un marco que nos acerque al objetivo de un dominio suficiente al final de la etapa obligatoria en las lenguas oficiales y en, al menos, una tercera? Se pactó un sistema plurilingüe como el euskera como eje, que implícitamente debe ser superador de los modelos lingüísticos, porque son incompatibles con aquel. Se fijaron unos niveles de logro a la finalización de la Educación Primaria y de la ESO, pero sin consideraciones sobre los diferentes horizontes de cumplimiento, según las zonas sociolingüísticas y la tipología del alumnado. El Acuerdo comprometió “elaborar un marco de educación plurilingüe, previo a la elaboración y homologación del proyecto lingüístico de centro, teniendo en cuenta su función y su situación sociolingüística, siempre dentro de un marco común para todos los centros”. Seguimos a la espera de la concreción del marco plurilingüe. Por supuesto, siguen vigentes los modelos lingüísticos, al menos, mientras no cambie la normativa y, pese a que la consejera considere que están “superadísimos”, la situación puede acarrear problemas legales serios si se intentan compatibilizar con el marco plurilingüe. Se acaba de anunciar la creación del “Instituto para el Aprendizaje del Euskera y de las Lenguas”, contemplado en el Acuerdo. Esperemos que sea capaz de dotar al sistema de una mayor concreción del marco plurilingüe común y que contribuya al translingüismo como mejor opción metodológica para crear alumnado plurilingüe, con el euskera como eje, pero sin que la lengua materna quede del todo proscrita.

El modelo de enseñanza-aprendizaje se han convertido en un campo de batalla de enorme desgaste para el Departamento. La pregunta que debía resolver el Acuerdo era: ¿podemos dotarnos de un marco competencial asumido de buen grado por el profesorado?  ¿cuáles son las innovaciones que deben ser implementadas en el sistema vasco? El Acuerdo habló, sí, de un marco competencial, pero pidió que se hiciera «con amplia participación del profesorado». Los catecismos de arriba-abajo, si no prenden en las aulas por la seducción del profesorado, pueden crear tierra quemada. Y ahí sí, el Acuerdo, debo reconocerlo, se quedó muy corto en la búsqueda de equilibrios entre el reconocimiento del profesorado y su implicación. No ahondó en políticas para el profesorado. Siendo graves los problemas anteriores, ha despertado con fuerza un dragón que estaba dormitando: el malestar docente. Las resistencias, por activa (colectivos que se organizan) o por pasiva (respuesta adaptiva solo en las formas por parte de los claustros), amenazan cualquier intento de cambiar el paradigma.

Finalmente, la gobernanza del sistema debía responder a estas preguntas: ¿cómo construir una educación más participativa y colaborativa? ¿Cómo hacer centros más comunitarios? ¿Cómo implicar las realidades y las instituciones locales en la planificación y gestión educativas? El Acuerdo hizo el reconocimiento de las direcciones, de su importancia estratégica en la consecución de los logros del sistema. Asimismo, se acordó la reactivación de los Consejos Escolares Municipales y de los Consejos Educativos Locales, cuya relación dejó sin aclarar. Hay experiencias concretas, pero falta desarrollo normativo. Hay que reconocer avances en el terreno de las direcciones (nuevo decreto). No obstante, ya puede percibirse en el Departamento una querencia de corte neoliberal por el gerencialismo empresarial y los criterios de la llamada Nueva Gestión Pública, basada en la autonomía de los centros y los contrato-programa, ambas herramientas de doble filo que pueden traer mayor democracia o un incremento de la competitividad entre centros. Veremos que da de sí el nuevo decreto de autonomía ya anunciado.

Forzosamente, un repaso de cuestiones tan complejas se queda en una mirada superficial, pero creo que suficiente para poder concluir que, salvo algunos aspectos puntuales (por ejemplo, las direcciones), las principales “patatas calientes” de la educación vasca siguen en el horno tres años después. El Departamento ha puesto en marcha un montón de iniciativas y la consejera alega que faltan 9 años para completar el recorrido total del Acuerdo y que hay mucha normativa que viene por el camino. Seguiremos atentos.

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