
El discurso que se obvia es que somos producto de la migración, que la sociedad vasca no se entiende sin inmigración.
En la última ley de educación interculturalidad es aprendizaje del euskera. No hay nada de educación intercultural.
¿Podemos pensar en políticas mucho más flexibles dependiendo del contexto? Porque sociolingüísticamente Euskadi es muy diversa.
Si se quiere que una mujer que está trabajando a 3 turnos, limpiando casas, que además tiene niños a cargo, se acerque al euskera, pues habrá que pensar cómo se hace. De nuevo tenemos la clase social.
En la sociedad vasca no hay una posición especialmente negativa con la inmigración… pero desde algún sector, supuestamente de izquierda, se empieza a ver la inmigración con cierto carácter negativo en la medida en que puede ser hostil al proyecto de construcción nacional.
Seguimos con las conversaciones con Andrea Ruiz Balzola. Hoy, la segunda parte titulada «Sociedad vasca e inmigración». Quien quiera recuperar las reflexiones de la primera parte «Percepciones sociales y políticas públicas sobre la inmigración» puede clicar aquí. La semana próxima la tercera y última parte: «Cultura e identidad. Nuevos enfoques».
II Parte: Sociedad vasca e inmigración
Vamos a bajar a la escala vasca. Yo te voy a ofrecer ahora unos cabos sueltos para que con ellos compongas una reflexión. Por ejemplo, un cabo suelto: hace no mucho Arnaldo Otegi señalaba que no debemos olvidarnos de que el derecho a poder quedarse en el país de origen es anterior al derecho a emigrar. El propio Otegi —también Otxandiano— al igual que los partidos nacionalistas catalanes, han solicitado competencias sobre la migración. Otro cabo: en uno de tus tweets recientes has hecho referencia a Joxemari Olarra por un artículo en el que hablaba de la migración desde las difíciles condiciones de vida que les obligan a salir, pero, al mismo tiempo se refería al desafío cultural que suponía y que le resultaba agresivo y estresante. La bertsolari Jone Uria, por su parte, en las fiestas de Bilbao compuso unos bonitos bertsos en que hablaba de la acogida a los inmigrantes, pero remataba con la necesidad de que aprendieran la cultura y la lengua vasca. Ya está puesto el tema, a ver cómo lo desarrollas.
Aquí hay un melón que no se ha abierto hasta ahora. En su día escribí un breve artículo sobre esa cuestión, que tiene que ver con procesos migratorios actuales en lugares donde hay minorías nacionales o naciones minorizadas. Se han estudiado los casos de Gales, de Flandes, de Quebec. Hay comparativa. A mí me pareció un tema muy interesante el caso vasco porque ya tiene migraciones muy potentes de antes. Durante años el discurso oficial, en este caso hablo del PNV, era siempre que “nosotros también hemos migrado, nosotros entendemos la migración y sabemos acogerla porque nosotros también fuimos migrantes, fuimos a Idaho, fuimos pastores, etcétera”. A mí ese discurso me llama la atención porque obvia otro discurso que es el interesante: que nosotros somos producto de la migración, que la sociedad vasca no la entiendes sin inmigración, que en la década de los 70 el 40% de la población vasca había nacido en otro lugar. Eso es lo que se está obviando, es decir, que nosotros somos una sociedad mixta, diversa y producto de esa migración.
La izquierda abertzale generó un discurso, incluso ETA generó un discurso sobre estas cuestiones que son las que yo analizo en ese artículo. A día de hoy, con unos flujos migratorios que ya no son del Estado, que te vienen prácticamente de todo el mundo con un porcentaje superpotente de Latinoamérica, que comparten en común el idioma, ¿cuál es el discurso? ¿Cómo se va construyendo eso dentro de la izquierda abertzale? ¡Es muy ambivalente! Por un lado, les queremos acoger, tienen que integrarse bajo una lógica de derechos. Pero también hay una tensión lógica. Yo estoy en un proceso de construcción nacional y de repente esto se vuelve muy global y muy diverso, entonces la gran preocupación es cómo atraigo a esa masa de población a mi proyecto nacional. ¿Que tienen que aprender euskera? Sí. Y es una preocupación de parte de la izquierda abertzale ahora. Pero también he de decir que hay un discurso de la izquierda abertzale, más soterrado, en que el aprendizaje o no de la lengua a veces es un poco cosmético. Lo que nos interesa es qué vas a votar.
Ahora, yo lo tengo claro: el proyecto nacional de un sector de la población vasca no es el de la toda la población vasca y me temo que tenemos un pasado en el que nos hemos llevado muy mal con la pluralidad. Ahora, ¿cómo nos vamos a llevar con esta pluralidad? Porque cuando usted quiere que esa población que viene de fuera le entre al euskera, tiene un planteamiento muy asmilacionista, pero es que la política lingüística en este país ha sido asimilacionista, pero no solo con esta gente que llega, sino con la parte que había que asimilar. El asimilacionismo es una palabra que a nadie le gusta oír. Entiendo, además, que hay mayor zozobra porque no hay un Estado-nación detrás, como es el caso de España.
Por último, hay otro elemento que me interesa recalcar. En ese sector, cultura vasca sigue siendo igual a euskera y, lo siento, pero desde un análisis antropológico diversidad cultural no es igual a diversidad lingüística. La diversidad lingüística forma parte de la diversidad cultural. Pero la diversidad cultural no es diversidad lingüística y en esto cualquier nacionalismo, y especialmente los nacionalismos sin Estado, han sido muy hábiles en poner una “y”. Pero es que tienes grupos humanos que hablan la misma lengua y, sin embargo, culturalmente son bastante diferentes y, al revés. Para mucha parte de la población vasca cultura vasca no es solo en euskera.
¿Esa identificación con el euskera es estricta? Ahora mismo se está insistiendo también en que no basta con que el alumnado sepa 2.000 palabras y con eso pueda elaborar discursos de un determinado nivel de complejidad, sino que el euskera solo se puede entender desde una cosmovisión que hay detrás de cada lengua. Por lo tanto, yo creo que el nacionalismo no se conforma con hacer una identificación de cultura vasca con lengua vasca…
Cuando piensa en la inmigración, sí. Cuando tú lees la última ley de educación, que habla de educación intercultural, ves que para ellos interculturalidad es aprendizaje del euskera. No hay nada de educación intercultural. Por otro lado, también soy la primera que digo que hay que garantizar el aprendizaje del euskera de toda esta gente que llega, obviamente, si quieres que haya luego cierto ascensor social
Sin embargo, en un artículo escrito al alimón con Xabier Aierdi expresáis claramente que las políticas no pueden bascular exclusivamente en torno al euskera pues ello puede traer un perjuicio a determinados sectores sociales que son de aquí o no, pero son de clase baja.
Yo creo que la lectura que se hace siempre de las políticas lingüísticas y del euskera es en términos identitarios. Pero el análisis hay que hacerlo en clave de clase social y dejar un poco el tema de identitario. Hay que dejar de hablar del euskera en relación a la inmigración. La convivencia que erosiona el euskera no es la de la inmigración versus nativo, sino la que tenemos entre nativos. La inmigración, que siempre funciona como un espejo en el que toda la sociedad ve sus propias contradicciones, lo que destapa es una contradicción y algo que está sin solucionar entre los propios autóctonos. Eso es abrir otro melón. Entonces, hay que tener cuidado cuando se habla de euskera y migración porque el tema no es euskera e inmigración, sino que es euskera y una sociedad muy diversa y cada vez más compleja.
En cualquier caso, cuando tú tienes toda esta gente que te llega con sus dificultades socioeconómicas, pero también legales, de acceso a determinadas cuestiones habrá que ver cómo se gestiona. ¿Podemos pensar en políticas mucho más flexibles dependiendo del contexto? Porque sociolingüísticamente Euskadi es muy diversa. No es lo mismo aterrizar en Andoáin que aterrizar en Bilbao.
¿Abogas, entonces, por políticas más flexibles?
Mucho más flexibles.
¿Solo en la educación o en general?
Yo diría que en general.
A veces me parece que hay gente que pone el dedo en la llaga, pero nunca pasamos a la formulación de las políticas concretas sobre cómo se debiera hacer. Se puede impugnar el modelo de inmersión lingüística, pero nunca se da el paso de decir cómo debería de ser el modelo alternativo, cómo debería ser esa flexibilización, cómo formular políticas que fueran verdaderamente integradoras. Se llega hasta la línea de la impugnación y echo en falta un esfuerzo en ir más allá y proponer.
Es una reflexión interesante y a mí me cuesta porque, claro, yo no diseño políticas, pero sí te diría que aparte de esa flexibilidad que menciono, sí creo que habría que cambiar el paradigma que hay detrás de las políticas lingüísticas y es algo que tampoco tengo muy elaborado. Creo que hay que empezar a hablar de repertorios lingüísticos, porque estás teniendo alumnado que se maneja a lo mejor en cuatro o en cinco repertorios lingüísticos. Otra vez ese modelo estadocéntrico, que en este caso sería céntrico-nacional porque no hay Estado, está jugando todo el rato. ¿Va a ser capaz de eso el nacionalismo vasco con la historia que tiene? No lo sé, pero creo que es por donde debería ir si no quiere acabar perdiendo mucho sentido entre las generaciones que vienen. También porque si siguen así, van a hacer un flaco favor al euskera.
En lo que ya me atañe más a mí como antropóloga, yo te diseñaba mañana políticas interculturales para la escuela sin ningún problema. Cogía todo el currículo escolar y lo interculturalizaba, empezando por historia, siguiendo por Gizarte. Creo que ese trabajo no se ha hecho a nivel estatal, no se ha hecho aquí y dudo mucho que interese hacer, si la lógica que hay detrás de todo esto sigue siendo nacionalista.
Dando un pasito atrás para retomar la cuestión sobre la tensión entre sentimientos nacionales y llegada de migración. Vosotros (Begirune) habláis de que se prevé la llegada de 200.000 inmigrantes en las dos próximas décadas y que las previsiones demográficas hablan de que en el 2050 un tercio de la población vasca será de origen extranjero. Ante esos datos existe una preocupación creciente del mundo euskaltzale. Está la iniciativa Aroa que despliega un conjunto de actuaciones para la próxima década y la iniciativa Gogoetagunea de Euskaltzaindia que se plantea una reacción a corto y medio plazo ante una situación que ha diagnosticado como gravemente regresiva. ¿Cómo podríamos hacer compatible todo esto?
A ver, hay que recoger todas las posturas. Yo creo que va a ser inevitable cierta resaca con el euskera, es inevitable con las cantidades de población que se esperan. Ahora, vuelvo a lo mismo: en la realidad sociolingüística compleja hay que flexibilizar políticas y si se quiere atraer al euskera a toda esta población migrante, hay que plantear medidas y hablo desde la gratuidad, que ya ha empezado, hasta otro tipo de medidas. Porque si se quiere que una mujer que está trabajando a 3 turnos, limpiando casas, que además tiene niños a cargo, se acerque al euskera, pues habrá que pensar cómo se hace. De nuevo, tenemos la clase social. Si no se quiere que el euskera se acabe convirtiendo en un marcador, ya no identitario o étnico, sino de clase hay que ponerse manos a la obra.

Pareciera que hasta ahora en la población vasca no ha habido una postura muy refractaria respecto a la migración. Con una mayoría nacionalista en el Parlamento Vasco, ¿existe un riesgo de un repliegue identitario?
En los barómetros siempre sale que la sociedad vasca en su conjunto tiene una postura amable ante la llegada de otras personas. Claro, ahí como siempre hay que hilar fino. Una cosa es el discurso y otra cosa lo que la gente hace. Pero sí creo que no hay una posición especialmente negativa.
Ahora, ya que me sacas el tema, también se está detectando un cierto runrún en ciertos sectores supuestamente de izquierdas, que en España se ha leído en términos de rojipardismo, de empezar a ver a la migración con cierto carácter negativo en la medida en que puede ser hostil al proyecto de construcción nacional, pero también en otras ocasiones al mercado de trabajo o a los derechos laborales de los nativos. ¿Eso puede acabar en que en Euskadi tengamos una Orriols? No lo sé.
¿Qué mensaje se le puede enviar a un tipo de ciudadano vasco como éste? Un euskaldun de nacimiento, que vive en un pueblo de mayoría vascohablante, que va a tomarse una cerveza a la taberna de su pueblo y tiene que pedirla en castellano porque la que le atiende es una mujer de origen latino. Este ciudadano siente amenazado existencialmente lo que le ha configurado como persona desde pequeño. Pese a que su posición económica pueda ser buena, se percibe dentro de un colectivo aborigen en regresión.
Lo primero es recoger sus zozobras, recoger su miedo, que es legítimo y entendible, aunque tan aborígenes son ellos como como los otros. En un artículo decía Albite que aquí no tenemos un “nosotros-los otros”, sino un “nosotros-vosotros-los otros”. Pero más allá de eso, sí creo que hay que recoger ese miedo, esa zozobra, esa incomodidad, ese decir: “¡ostras, se me va un mundo!”. Ahora bien, recogidos el miedo y la zozobra, creo que se trataría de hacerle entender a esa persona que entre ella y esa mujer que le está sirviendo una cerveza en la barra hay una relación de poder estructural. En una relación de poder, quizás quienes estamos en la posición de poder, tenemos que dar un pasito atrás.
Fernández Enguita —y otros autores— hablan de dos tipos de nacionalismo: uno más centrado en el “etnos” y otro más centrado en el “demos”. El nacionalismo vasco ha hecho una larga travesía para pasar de lo primero a lo segundo. El Lehendakari tiene 8 apellidos burgaleses, como ejemplo. ¿Ha desaparecido la pretensión de que toda la población se vertebre en torno al “etnos” o admitimos que no solamente en Bilbao sino en todo el País Vasco cada uno nace donde quiere, siempre que haga profesión de fe?
No sé, es muy complejo, porque eso es una dicotomía entre dos modelos y probablemente no hay ninguna realidad que se acomode a esos tipos ideales. Discursivamente, la población vasca ha comprado cierta idea hegemónica de lo vasco que es la que se ha establecido. La ha comprado con alegría casi toda la sociedad. Otra vez, la presencia de inmigración te permite vernos como sociedad a modo de espejo. Gente que ha venido de fuera y dice “yo ya soy vasco porque he aprendido euskera.” Ha comprado el discurso. Yo soy de aquí y no hablo euskera y no tengo padres o abuelos que vinieron de Castilla.
¿Eso tiene que ver con esta frase con la que Xabier Aierdi y tú comenzáis una reflexión sobre Bilbao y que dice: “en el principio Bilbao era trasnacional, pero no lo sabía”? Se insiste en todo este trabajo en el carácter mestizo de Bilbao… Sin embargo, ¿cómo debe interpretarse que en la ciudad de Sabino Arana se voten partidos nacionalistas en pleno siglo XXI?
Es que se ha comprado el marco del bienestar socioeconómico, porque se han hecho políticas también que están bien hechas y porque hay un principio que yo siempre he detectado socialmente, que dice: “bueno, al final son los de aquí”. Y ese argumento tiene mucha fuerza y te retrotrae otra vez a la territorialidad. Es el mismo que con la inmigración. Ellos se han movido. Entonces, si están aquí tienen que hacer como aquí, porque este es mi sitio, esta es mi casa y tú has venido después. Es un argumento que tiene una fuerza poderosísima.
¿Es posible la utopía de Euskal Hiria de Atxaga, de construir en positivo para nuestra sociedad una Babel de lenguas y culturas, donde nadie sienta que lo suyo está amenazado?
Si alguien se cree Hiria, sí. Pero aquí yo no creo que la gente piensa en Hiria. Piensa en Herria.
CONTINUARÁ
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